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De Itziar de la Fuente Díez El día 28 de abril del 2025 vivimos un suceso inesperado; un apagón. Toda la Península Ibérica se quedó sin luz, sin cobertura, sin metro o tranvía,… Así que casi todos, nos pasamos los días que le siguieron contando nuestras anécdotas. Tres de ellas, las de Itxaso, Andoni y Paula, se recogen en este relato. 28 de abril del 2025 7 a.m.: Itxaso
“Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así”… ahí estaba la voz del gran Serrat, saliendo de su despertador. En que momento pudo pensar, que despertarse con esa canción le cambiaría el estado de ánimo. Apagó el despertador, pero aún se quedó tumbada con los ojos cerrados, rehuyendo empezar un nuevo día. Un día que sin empezarlo ya le hastiaba. Desde hacía 6 meses y 22 días, todos sus días le resultaban predecibles y aburridos: metro, consulta, gimnasio, metro y casa. Y era en ese volver a casa, al encontrarla vacía, cuando volvía a su mente el wasap de Jon: “Me voy, cuídate,queremos cosas distintas.” Y así se metía en la cama, poniendo fin a su día, rumiando la dichosa frase de 6 palabras, que acababa con una relación de 6 años. Tan simple, sincera e irrebatible que no pudo responderla en su momento, ni tampoco ahora, por más vueltas que le daba. Abrió los ojos y miró el despertador: “Mierda, que tarde“ pensó. Su nuevo, predecible y aburrido día empezaba sin desayunar. 28 de abril del 2025 7.30 a.m.: Andoni Apagó el despertador, al primer tono, llevaba mucho rato despierto para entonces, se había acostumbrado tanto a la oscuridad, que había reconocido todos los muebles y objetos de su cuarto, llevaba más de 20 años emancipado, pero lo único que había cambiado en ese cuarto era él. De pronto su cabeza recordó porque estaba allí y se le humedecieron los ojos, su padre había fallecido, ese hombre alto al que él tanto ansiaba parecerse se había ido, de una forma serena, dejando un cuerpo agotado, incapaz de seguir el ritmo a esa mente burlona y audaz. Su madre había repetido varias veces, que no era necesario que nadie le haría de niñera y seguramente tenía razón, porque su madre era la persona más fuerte que conocía, pero aún así, él había insistido en quedarse. Así que ahí estaba él, en su antigua cama de 90, oliendo a café ,tostadas y huevos. Sonrió, su madre, la mujer que se había pasado los últimos tres días, sin moverse de una silla de hospital, ya estaba levantada y preparando el desayuno. Estaba claro quién cuidaría de quién. 28 de abril del 2025 7.45 a.m.: Paula -¡No puedo más! - gimió Paula. -Si puedes, si necesitas cualquier cosa llámame.- Le contestó Iñaki, mientras desaparecía por el pasillo. Paula le vio salir y no pudo evitar odiarle un poco más. Ahí estaba su encantador marido, con su figura atlética, vestido con uno de sus mejores trajes y su mejor sonrisa. Pensó en cómo había empezado a gestarse ese odio; quizás empezó cuando Iñaki había enviado a sus contactos la foto del predictor con la leyenda “estamos embarazados”, y así había seguido creciendo los siguientes meses, cada vez que él usaba la primera persona del plural: “tenemos nauseas” “Ane nos da patadas” “Le daremos el pecho” … pero sólo ella sufría los vómitos, el ardor y las patadas, solo ella había engordado 11 kilos y sobre todo, sólo ella tenía un dolor insoportable desde hacía 24h. Los dos habían pasado la noche en urgencias, pero solo a ella le habían monitorizado y explorado al menos tres personas distintas, a las 4 de la mañana, le habían dado un informe donde le diagnosticaban de contracciones aisladas, así que Iñaki había cogido el informe de la mano de la ginecóloga, había sonreído y había vuelto a usar ese dichoso plural. -No estamos de parto, vámonos a casa. Y Paula se había dado cuenta de cuánto le odiaba. 28 de abril a las 12:23 a.m. Itxaso hoy trabajaba de tarde, así que pensó aprovechar la mañana para comprar el regalo a su sobrino. Le había sorprendido lo llena que estaba la sexta planta a pesar de ser un lunes. Lo cierto es que ese era un sentimiento recurrente, cada vez veía más gente; en el metro, en las terrazas o en los pasos de peatones y ella se sentía más sola. Intentó desechar ese sentimiento, pensando en lo feliz que sería su sobrino al desenvolver el regalo y ver su vigésimo juego de futbol para la Play Station y con una media sonrisa entró en el ascensor y fue esa misma media sonrisa la que le devolvió la cara de un hombre alto y atractivo de unos 40 años. -Hola.- Le dijo Andoni, mirándole con sus ojos color miel, que destacaban en un rostro bronceado. -Hola.- Contestó Itxaso, sintiendo que se ponía roja , por lo que desvió la vista hacia la tercera ocupante, una mujer embarazadísima. Las puertas del ascensor se cerraron y comenzó el descenso. Itxaso aprovechó para mirar de reojo a Andoni, llevaba una camiseta negra de Star Wars, más de 40 años pensó y se perdió unos segundos en su bíceps. Hacía mucho que no se sentía atraída por nadie, pero justo cuando estaba disfrutando de esa sensación, que le recordaba que aún seguía viva, el ascensor dio un brusco estrincón, se zarandeó unos segundos y tras un zumbido desapareció de la potente luz blanca, quedando la cabina iluminada por un haz de luz más tenue y rojiza ,los tres ocupantes, se miraban entre sí. -¿Qué ha pasado? -preguntó Paula, la mujer embarazadísima, rompiendo el silencio. -¿Estáis bien?- preguntó Andoni, mientras pulsaba el botón de alarma. Itxaso asintió con un gesto y sacó del bolsillo del pantalón su móvil: -No hay cobertura. - exclamó mientras miraba como los otros dos ocupantes comprobaban sus dispositivos con igual resultado. Pasaron unos minutos eternos, Andoni tocaba el botón de alarma y Paula e Itxaso golpeaban la puerta, pero nadie contestaba. -Esto tiene que ser una broma, la incineración de mi aita es en dos horas.– dijo Andoni con desesperación. Ante esa revelación Paula e Itxaso, frenaron sus golpes y se giraron para mirar Andoni, quien en ese momento al sentirse observado por las dos mujeres, se esforzaba en limpiarse las lágrimas. -Saldremos mucho antes.- le dijo Itxaso mientras le ponía una mano en el hombro. -Me llamo Itxaso, por cierto.- dijo con un tono de voz cálido. -Yo Andoni, encantado.- le respondió él volviendo a esbozar esa bonita sonrisa. -Pues yo Paula y me temo que estoy de parto.–gimió, la persona embarazadísima, sentándose en el suelo del ascensor. Y en ese momento Paula echó de menos, que Iñaki no le corrigiera con un odioso “Estamos de parto”. Itxaso y Andoni miraron a su compañera, a pesar de la escasa luz se apreciaba preocupación y angustia en el rostro de Paula, sentada sobre un charco, había roto aguas, respiraba jadeando y un grito de dolor emergió desde su interior. -No puedes ponerte de parto, exclamó Andoni, en un tono de súplica. Y otro grito de la misma intensidad le respondió. -Ayúdame; le dijo Itxaso a Andoni, soy pediatra vamos a sacar a ese pequeño y se arrodilló junto a Paula, rogándole que confiara en ella y se dejara ayudar. Paula asintió para darle permiso, tampoco tenía otra alternativa y volvió a gritar. -Ayúdala a ponerse en cuclillas.-le dijo Itxaso a Andoni. Mientras ella se arrodilló frente a Paula y de forma hábil le quitó el pantalón y las bragas. Andoni envolvió con su brazo derecho el torso de Paula, mientras que le dio la otra mano para que Paula la apretara, como había visto en las películas. Y vaya si la apretó, cada grito desgarrador suponía un calambre en la mano de Andoni. Así pasaron los siguientes minutos con una cadencia regular. Paula respiraba entre jadeos y con cada grito empujaba con todas sus fuerzas. Andoni se había propuesto no mirar, por pudor y también por miedo a desmayarse, pero cuando Itxaso gritó que ya veía la cabeza, le resultó inevitable no hacerlo. Había visto un montón de vaginas en su vida, era un hombre atractivo, usuario de Tinder, pero ver una cabeza saliendo por una, era algo que no esperaba ver jamás. -Último empujón.- dijo Itxaso y Paula empujó con todas sus fuerzas. Andoni pensó que se desmallaría por el dolor de la mano, y entonces los dos vieron como Itxaso sacaba por completo al bebé. Era un bebé pequeño, con la cabeza apepinada y a pesar de estar cubierto de sangre presentaba un color morado. -¿Está bien?.-preguntó Paula, con una voz exhausta y angustiada. -¿Por qué no llora?.-preguntó Andoni. Pero Itxaso no contestaba, tenía toda su atención en el bebé que reposaba en su regazo mientras ella le frotaba la espalda. El tiempo es relativo, seguramente fueron solo unos treinta o cuarenta segundos de un silencio absoluto en el ascensor, pero Paula los recordaría como un periodo eterno y para Andoni también le parecería mucho más tiempo, pero solo fueron unos treinta segundos, el mismo tiempo que dedicamos a mirar los wasap mientras hablamos, mientras comemos e incluso a veces, mientras esperamos a que cambie el semáforo… Treinta eternos segundos de silencio hasta que el bebé, Ane, rompió a llorar sin lágrimas, como hacen todos los recién nacidos, cogiendo su primera bocanada de aire. Y los otros tres miembros del ascensor rompieron a llorar también, pero estos con lágrimas de alivio y felicidad. Paula, estaba aún sudorosa por el esfuerzo pero tenía un gran sonrisa y miraba a la pequeña Ane que descansaba en su pecho, Andoni le había dejado su sitio a Itxaso, ahora miraba a las dos mujeres con admiración, como podía Paula haber soportado ese dolor y como Itxaso había sabido qué hacer, hasta lo de usar los cordones para clampar el cordón. Se quedó mirando a Itxaso pero esa mirada ya no era la que le dedicó a una mujer desconocida ,que entraba en el ascensor, esta mirada estaba cargada de admiración y deseo. Itxaso le devolvió la mirada, esta vez sin ponerse roja y ambos la mantuvieron así unos segundos, hasta que un ruido al otro lado de la puerta, les devolvió a la realidad. -¿Están bien? Somos los bomberos vamos a proceder a abrir la puerta.
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